Casal de la Pau

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La humanización de la prisiones

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Este artículo fue publicado en la Revista del Casal, núm. 30 (3er cuatrimestre de 2010). Considerando, desde el Casal, el interés de este artículo de Joaquín Garcia Roca, y teniendo en cuenta que se tuvo que reducir el tamaño de la letra al imprimirlo para abaratar costos, lo destacamos aquí para quien quiera acceder a él con mayor comodidad.

Ximo García Roca

Ximo Garcia RocaA l’hora de presentar a Ximo Garcia Roca, dubte sobre quin és l’aspecte que hauria de subratllar. D’una banda és un pensador –teòleg?, filòsof, sociòleg? que més dóna!-que es dedica a trobar i intentar la relació més coherent possible entre les conviccions profundes (en el seu cas, la visió cristiana del món i de la vida) i allò que passa cada dia, els fets o les realitats socials. Però d’altra banda, Garcia Roca és una persona d’acció que ha protagonitzat actuacions alternatives en realitats tan sensibles com les llars d’acollida entre altres. I no acaba ací el seu currículum: ha exercit de professor d’universitat a la Universitat de València i a altres universitats; i és escriptor. Amb tot i això, el motiu pel què el duem hui a la nostra revista és una conferència que llegí en el “VIII Congreso Trinitario Internacional” (Granada, novembre 2010) perquè en aquest cas la seua mirada directament s’adreça a la complexa realitat del món de les presons. Li agraïm que ens haja deixat servir-nos d’aquella conferència, acomodant- la el format d’una revista com la nostra, i gosem dir-li que ens agradaria molt que la seua col·laboració no fora només aquesta sinó que es considerara participant en un projecte com el del Casal de la Pau amb el qual la seua conferència té tantes coincidències.

Empecemos

Un relato oriental cuenta que alguien vio una sombra en medio de un bosque y tuvo miedo porque creía que era un animal peligroso. Se acercó y vio que era un hombre. Se acercó un poco más y vio que era un hermano. El proceso de humanización de las prisiones queda representado en esta metamorfosis que permite pasar del miedo, al reconocimiento de la condición humana y, si te acercas más, probablemente descubras que es carne de tu carne y sangre de tu sangre.

El sistema penitenciario tiene poder destructivo. Al cerrar las puertas de acceso a los dinamismos comunitarios, a la convivencia, a las esperanzas e ilusiones humanas, es efecto o causa de desintegración, de marginalidad. En palabras del poeta Miguel Hernández, “fábrica del llanto y un telar de las lágrimas”.

Le oí decir al director de una prisión que para humanizar la cárcel necesitaba del mayor número posible de voluntarios; pero, aclaraba, estos voluntarios no debían ni podían interferir en los procesos, en las estructuras y en la organización interna de los centros. Y de hecho son estas expectativas las que han sustentado gran parte del voluntariado penitenciario. Pero la humanización de las prisiones requiere incidir en todos los momentos del proceso carcelario. Porque de lo que se trata es de hacer humana la cárcel misma, sus estructuras y sus procesos. Así lo han entendido organizaciones solidarias y profesionales de las prisiones que han emprendido caminos prácticos de trasformación del sistema penal y penitenciario en todas sus fases –prevención, enjuiciamiento, estancia en la cárcel e incorporación a la vida cotidiana a la salida de la cárcel-.

En estos momentos, los que optan por el cambio del sistema penitenciario, aquellos otros que optan por la humanización de las cárceles y los que procuran por la inserción, ven necesaria la convergencia entre los diferentes caminos. Hay una clara conciencia de la complementariedad recíproca.

El cómo actuar humanizando

Pero ¿cómo podemos convertir una fábrica de llanto en espacio de humanización y fraternidad? Consideremos tres ámbitos o dominios de acción en los que se juega la humanización de las prisiones: la lucha contra la sociedad patógena que induce al delito, la construcción de contextos que favorezcan la vida en común y el desarrollo de las capacidades personales y relacionales que permitan alternativas de vida buena y feliz.

En la lucha contra la sociedad patógena es necesario definir las condiciones de partida

Acercarse a la cárcel es iluminar el corazón de la sociedad desde su periferia. Identificar la relación que une las cárceles a los dinamismos sociales es una tarea necesaria para cualquier humanización. Este proceso nos emplaza a actuar en tres direcciones complementarias: la lucha cultural que intenta perforar los encubrimientos que pesan especialmente sobre las cárceles; el esfuerzo por dar a la cárcel presencia pública de manera que sea capaz de movilizar capaz de mover a la humanización del derecho penal; y, finalmente, influir en las políticas sociales para que las cárceles pasen del horizonte de la desesperanza, en que ahora se ubican, al de la esperanza. Todo lo dicho hace evidente que la humanización de las prisiones es una cuestión de carácter socio-político, que afecta a la construcción de la vida en común.

La lucha contra la hipoteca ideológica

Cuando se olvida la relación entre cárcel y sociedad, las políticas penitenciarias y las prácticas solidarias no están bien orientadas. Sobre el ámbito penitenciario pesa una ‘hipoteca ideológica’, que esconde y encubre opciones, como poco, discutibles. Una sociedad asentada sobre la propiedad privada, llena las cárceles de ladrones de lo ajeno. Una sociedad asentada sobre la homofobia, llena las cárceles de homosexuales. Una sociedad asentada sobre el miedo al discrepante llena las cárceles de intelectuales libres. Una sociedad asentada sobe la velocidad, llena la cárcel de accidentes de tráfico. Una sociedad asentada sobre el machismo patriarcal, llena la cárcel de matones de mujeres. Una sociedad asentada sobre el consumo de drogas, llena las cárceles de consumidores y traficantes. Las cárceles hoy son un reflejo de las expectativas truncadas y consecuencia de una sociedad consumista, de gratificación inmediata y de contradicciones entre los deseos que crea y los medios que ofrece. Es una contradicción exaltar a los héroes del volante y encarcelar a los que sobrepasan una determinada velocidad. Es una contradicción exaltar el consumo y encarcelar a los adictos.

La humanización pasa por la trasformación de lo valores y de los miedos sociales. Las Organizaciones solidarias han de considerarse agentes de trasformación de la mentalidad de nuestros pueblos.

La lucha contra la hipoteca mediática

El derecho penal es una realidad sometida a continuos cambios para acomodarse a los valores y principios de cada sociedad. Pero, eso que es razonable, en la actualidad ha pasado a depender excesivamente de los creadores de opinión desde los medios de masas. Se modifican las leyes penales a golpe de telediario, de tertulia radiofónica o programa del corazón, Haber convertido los informativos y programas de mucha audiencia en una suerte de “El Caso” constituye un factor de primer orden en la creación del imaginario colectivo en torno a la criminalidad. Comportamientos que antes eran infracciones administrativas han pasado a estar castigados con penas de cárcel (conducir sin licencia, venta de CDs etc.).

La presión mediática llega a tal extremo que empieza a crearse un contexto cultural proclive a la pena de muerte, o a la implantación de la cadena perpetua para que las personas condenadas no puedan salir de prisión durante el tiempo que les quede de vida.

La humanización de las prisiones tiene un papel decisivo a la hora de desactivar este tipo de presiones, que se producen en términos generales en contextos de máxima emotividad social. El éxito de estas campañas dependerá en gran medida de una sociedad civil organizada, capaz de asentarse sobre la deliberación y sobre el debate público.

La lucha contra la hipoteca social

Además de la ideológica y la mediática, existe la llamada ‘hipoteca social’. Los que visitan la cárcel saben bien que allí coexiste el fracaso social, la pobreza, la marginación, la enfermedad mental, el uso indebido de drogas... Muchos presos deberían ser beneficiarios de los servicios públicos y de las iniciativas sociales organizadas. Cuando la precariedad social, la discapacidad y la salud mental, incluso la tercera edad, no están suficientemente protegidas socialmente, la cárcel cumple “funciones de suplencia” de los servicios públicos. Y podemos suponer que este problema tenderá a agudizarse con los efectos de la actual crisis económica. Hoy se sabe que hay un paulatino incremento de la población penitenciaria con severas enfermedades mentales (casi 10.000 internos tienen antecedentes por trastornos mentales) que está convirtiendo a los centros penitenciarios y a los albergues para los “sin hogar” en sustitutivos de los sistemas públicos de sanidad en materia de salud mental que presentan gravísimas carencias. El abordaje de la enfermedad mental ha pasado del ámbito de las políticas sanitarias al ámbito de las políticas de seguridad ciudadana. Lo mismo está sucediendo con el ingreso en la cárcel de discapacitados y ancianos, incluso de más de 70 años de edad, algunos de ellos dependientes.

Hacerse presentes - Presencia pública i respuestas responsables o romper la opacidad

La humanización de las prisiones afronta un desafío en cada una de esas hipotecas. Ha de aparecer en forma de lucha ideológica para la trasformación de lo valores y de los miedos sociales. Un segundo frente cultural para desactivar las presiones mediáticas que suelen producirse habitualmente en contextos de máxima emotividad social; el éxito en este campo dependerá en gran medida de una sociedad civil organizada, capaz de asentarse sobre la deliberación y sobre el debate público. El último frente es el de presencia y el contacto que reconduce en lo posible las carencias que tienen un origen social.

Podemos generar una esperanza política desde la cárcel, a través de la presencia pública. La visita sin más a la cárcel no transforma la cárcel, pero empieza germinalmente lo que puede ser un mundo sin cárcel. Hay una tradición que pertenece a la memoria más entrañable de los movimientos emancipadores: la pequeña honda de David. Con una lanzadera y una piedra se puede acabar con un imperio. La honda de David es el patrimonio de la nueva cultura de la humanización.

Se trata en este caso de un enfoque basado en realizaciones concretas, en resultados parciales que mitigan la injusticia. Es la actitud de quien sabe mantener el coraje de la justicia en el interior de lo cotidiano y lucha contra las injusticias remediables, que pueden ser reparadas aunque no se alcance el grado perfecto de justicia. Nunca renunciar a luchar contra alguna injusticia aunque con ello no se alcance la justicia perfecta. Si no fuera por esa mística de la justicia, nunca hubiéramos superado la esclavitud porque después de superarla no vino la sociedad perfecta; tampoco hoy lucharíamos contra la violencia de género porque una vez eliminada no se consigue la emancipación de la mujer, ni siquiera lucharíamos contra el genocidio a los campamentos saharauis porque una vez logrado no habríamos alcanzado la nación perfecta.

Con frecuencia los comportamientos humanitarios tienen que soportar muchas dudas sobre su legitimidad absoluta, sobre si conduce o no a una sociedad “perfectamente justa”. Pero es bueno considerar que sin esta mística de lo evitable, los parisinos no hubieran asaltado la Bastilla, Gandhi no habría desafiado al imperio inglés y Martin Luther King no habría combatido la supremacía blanca. Como sugería el papa Juan XXIII “prefiero verles con las manos manchadas que verles sin manos”; de esta manera apostaba por la validez del mejoramiento social, por recuperar la idea esencial de la atención y el alivio como promoción de la justicia.

Rehacer los contextos positivos, frente a los contextos inhabilitantes

El contexto carcelario tiene un fuerte poder destructivo sobre los dinamismos internos de la persona y sobre las relaciones interpersonales. Decía Hannah Arendt que en el origen del totalitarismo está el aislamiento que destruye la fuerza inicial que posee todo individuo. Y Primo Levy, que padeció en su cuerpo los estigmas de un contexto carcelario, hablaba de la zona gris para significar la delación de los propios prisioneros que colaboran con el poder y se hacen cómplices de arbitrariedades. La humanización de las prisiones consiste en promover, crear o sanar contextos de proximidad en tres direcciones: crear contextos habilitantes en el interior de la cárcel; hacer lo propio fuera de la cárcel y potenciar procedimientos alternativos a la cárcel.

Aceptar el trabajo de creadores de vínculos

La cárcel hace que la persona queda desvinculada de las relaciones sociales, familiares, vecinales, amistosas; desvinculación de sus gentes, de su territorio y de su historia. La vinculación con la propia historia tiene poder curativo; y lo tiene también la vinculación con el territorio, como escenificó literariamente Antonio Skármeta en El cartero de Neruda: el poeta desde París, enfermo y añorado, le pide a Mario, el voluntario cartero, que le ayude a recuperar a través de sus sonidos los paisajes que ya forman parte de su identidad y que necesita para seguir viviendo; y lo tiene la vinculación con la biografía personal es creadora de convivencia como dejó escrito Bashige Michel, joven senegalés ante la muralla de Melilla. “Estoy seguro, dijo, que si conociesen mi historia y la de mis compañeros no me obligarían a volver al lugar de donde vengo ni me abandonarían en un desierto sin ninguna posibilidad de supervivencia. Quiero vivir y ayudar a vivir a mis hermanos, solo pido eso. Pensaba contárselo en persona, pero este muro que ha sido levantado entre Ud. y yo hace imposible cualquier encuentro verdaderamente humano entre nosotros y nos obliga a mirarnos desde lejos. Dado que ya no podemos hablarnos, permítanme mirarles a los ojos, a través de este muro de separación en forma de alambrada”.

La vinculación con los suyos es creadora de esperanza como ha expresado Herta Müller, la Premio Nobel de literatura, en su relato sobre la deportación de los gitanos de Rumania por parte del régimen estalinista, al acabar la segunda guerra mundial. “Yo se que volverás”, con estas palabras la abuela despide al protagonista de la historia de Herta Müller “Una frase así te mantiene toda la vida”. Ya te pueden aniquilar la individualidad, como sucede desde el momento que te introducen en un vagón hacia ninguna parte, ya te pueden dar ordenes que no entiendes en ruso, pero sí captas el desprecio y la humillación…Si mantienes el eco de aquella voz, nace una esperanza difícil de claudicar”. “En el fondo, sólo me interesa la esperanza obstinada y tímida, que en algún momento y en algún lugar, alguien piense en mí” (Tot el que tinc, ho duc al damunt Bromera - Alzira 2010: 188)

Me decía un voluntario que lo que más le solicitan es que lleve una carta, que traiga noticias de los suyos, que les diga que les ama. Es el reclamo de esa preciosa historia que acontece en un hospital de Managua. Cuenta Galeano que el doctor Silva se preparaba para marchar a su casa a celebrar la nochebuena, preparaba sus cosas, cerraba sus expedientes y visitaba por última vez a sus enfermos. Cuando se oye una voz de un niño que rompe la frialdad del hospital y reclama “Decidle que estoy aquí” A través de las organizaciones solidarias, los presos experimentan que siguen formando parte de la sociedad, que siguen vinculados a una tierra, a una comunidad. “Decidles que me escriban”, “Decidles que vengan a verme”, “Que mis hijos sepan que le espero”.

Construir contextos accesibles

En la última revuelta social en las periferias de Francia se convirtió en emblemático el grito airado de aquellos jóvenes “A nuestros padres humillasteis y a nosotros cerrasteis las puertas”, que expresaba con su denuncia las dos condiciones básicas de la inclusión: la no humillación y la accesibilidad. Hay contextos, que producen humillación institucional e inaccesibilidad. En expresión de Albert Camus son como “fortalezas sin puentes levadizos” en las que se sienten expoliados, desahuciados, dominados y exilados. El aislamiento carcelario dificulta el acceso al mundo económico, laboral, social y cultural. Los excluidos tienen rotas y obstruidas las vías de acceso a la sociedad. Tanto la burocracia como la ayuda tienen una gran carga de humillación. Se humilla cuando los derechos se condicionan a los rasgos étnicos, cuando la ciudadanía se somete al territorio, cuando el reconocimiento de la necesidad se somete al tiempo burocrático, cuando la diversidad cultural es ignorada. Hay también ayudas que humillan cuando se ejercen desde el esquema perverso de quien puede frente a quien no puede; cuando se reduce al otro a ser objeto de atención y no sujeto de encuentro.

La accesibilidad se consigue convocando a la familia, a las empresas, a los sindicatos, a los partidos políticos, a las administraciones del estado, a los movimientos sociales, a las parroquias, a las ONGs porque todos son necesarios. Han de llegar señales desde el mundo económico facilitando la incorporación al trabajo y no dando la espalda a quienes tienen dificultades objetivas de inserción. Han de llegar señales del mundo financiero favoreciendo el acceso a los créditos. Han de llegar señales del mundo cultural que con frecuencia crea dinamismos excluyentes a través de las representaciones sociales e imaginarios culturales. Han de llegar señales del mundo religioso porque desempeñan un papel decisivo para superar la enfermedad de los signos, la discriminación y la inaccesibilidad. Han de llegar señales del mundo asociativo promoviendo espacios de encuentro donde los silenciados tomen la palabra para hablar de sí mismos y de los otros, para contar la historia desde su particular manera de ver y habitar el mundo.

Ser constructores de inteligencia colectiva

La accesibilidad será el resultado de la acción conjunta de muchos actores que tienen la capacidad de conformar la inteligencia colectiva creando relaciones de confianza, de lealtad, de cordialidad, de ayuda mutua. Porque la incorporación en la sociedad de las personas que han vivido un periodo en la cárcel necesita de cultura ciudadana incluyente. Porque ocurre que el excarcelado es identificado como persona peligrosa y extraña y no es reconocido como igual. Se generan así ‘procesos de segregación’ y retraimiento social y se consolidan estereotipos que dificultan el acceso normalizado a la vida cívica.

Las Organizaciones solidarias son un elemento esencial para promover la confianza social ante la presencia del extraño. La acción a favor de las personas en dificultades objetivas de integración es una cuestión de recursos públicos y redistribución, y, por lo tanto, de justicia social. Sólo la interacción y el mutuo conocimiento pueden taladrar los prejuicios superando los estereotipos. Sólo cuando el blanco convive con el negro se rompen las barreras; solo cuando el heterosexual ha convivido con el homosexual se superan los prejuicios.

La implicación ciudadana en medidas alternativas

Las razones anteriores –el clima de inseguridad, la rentabilidad política, la presión socialjustifican el uso abusivo y desproporcionado de la cárcel, sin respetar el principio de ‘intervención mínima’, que es el factor más importante de humanización, es decir utilizarla solo cuando sea necesaria.

No sólo la alarma social explica que se recurra cada vez más a la cárcel y al agravamiento de las penas como respuesta a la criminalidad, sino también la falta de colaboración ciudadana en el uso de alternativas menos agresivas y traumáticas. Las organizaciones solidarias pueden y deben orientarse hacia la colaboración ciudadana en medidas alternativas a la cárcel. Son medidas que al día de hoy han permitido en algunos países cerrar muchos centros penitenciarios merced a una amplia implantación de alternativas a la prisión.

La utilización masiva, y casi única, de la cárcel como respuesta al delito indica el bajo tono de la solidaridad ciudadana. Este compromiso con las medidas alternativas es una exigencia ética cuando se descubre el cambio que se ha producido en el perfil del preso en los últimos años. Cerca del 80% de los condenados despachan su pena con trabajos en beneficio de la comunidad.

El intento por humanizar el sistema penal ha llevado históricamente a buscar alternativas en el ámbito penitenciario. De hecho la privación de la libertad a través de la reclusión en un establecimiento carcelario fue una alternativa al sistema punitivo vigente hasta el s. XVIII basado en la pena de muerte y en castigo corporal. Lo que nació como proceso de humanización tenia un efecto perverso en lo referente a la integración social, a la reinserción del penado en la sociedad, a su incorporación a la comunidad. El reclutamiento en un espacio cerrado y el estigma del expresidiario no iba a facilitar la integración.

Buscar alternativas a la cárcel se ha convertido en una fuerza humanizadora. Las alternativas pueden tomar la forma de multas, de reparación del daño causado por el delito, de trabajos en beneficio de la comunidad y, en los últimos años, de medidas de control electrónico (como en el caso de la violencia de género). Las Organizaciones solidarias debemos colaborar en este intento.

Humanización ante la subjetividad quebrada

Mi primera experiencia socio-educativa con adolescentes y jóvenes en conflicto con la justicia, (década mitad de los 70-80) me regaló la convicción de que lo decisivo es ‘poner en valor al otro’, caer en cuenta de que existe como persona, que no se reduce a ser un delincuente o un trasgresor o un drogadicto. Una relación interpersonal es aquella que es capaz de trasmitirle al otro que “tú me importas”, “tú vales”, y en consecuencia “tu tienes algo que decir”. Tu historia puede ser tan verdadera como la mía.

El enfoque de capacidades arroja una nueva luz para acompañar y recomponer la subjetividad rota. Se sostiene sobre dos convicciones sustantivas. La primera, considera que ningún preso se agota en su condición de preso ni puede definirse sólo por su delito contra la ley ni por la infracción de la norma. Todo proceso de desviación comienza cuando a alguien que roba se le convierte en ladrón. Ha sido merito de la escuela de Chicago proceder a esta desidentificación del ser con la acción. Recientemente se ha conocido la memoria de la joven judia Ettil Hillesum desde el campo de concentración y en ella escribe que “He notado que en cualquier situación, incluso en la más duras, al ser humano le crecen nuevos órganos vitales que le permiten salir adelante” (Hillesum, E. 2001)

En segundo lugar, perder la libertad no equivale a perder la dignidad. Y el nombre actual de la dignidad se inseparable del reconocimiento de las capacidades, que consideramos valiosas. Los encarcelados reclaman ser reconocidos en sus capacidades y en sus potencialidades:“ Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero./ Ata duro a ese hombre:/ no le atarás el alma./ Son muchas llaves,/ muchos cerrojos, injusticias: no le atarás el alma./

¿De qué capacidades hablamos? Quiero subrayar aquellas que tienen especial importancia en la humanización de las prisiones.

Capacidad de hablar y dejarse hablar

La primera capacidad hace referencia a la capacidad de hablar y de escuchar, El régimen penitenciario y las prácticas carcelarias tienen una ‘déficit de audición’, resulta más fácil ‘hablar sobre ellos’ que ‘con ellos’, resulta más fácil observarles que sentirles, resulta memos provocador convertirles en objeto que relacionarse como personas. Con frecuencia, la persona presa queda excluida de la gestión dialogada de su propio conflicto; el proceso penal le ha convertido en objeto de juicio pero rara vez le ofrece la posibilidad de un auténtico encuentro. Lo ha advertido en una espléndida poesía el fiscal de la audiencia de Sevilla Jesús Garcia Calderón (La lucida voz de la memoria, en Anfora Nova, Revista literaria 2009: 103). El fiscal le mira y ve en el reo “El hombre derrotado / Obligado a guardar / Un correcto silencio / Es un hombre menudo / Que parece sufriera / Amarrado al banquillo / Solitario naufragio”

Cuando se pierde el habla, se pierde el nombre para pasar a ser un anónimo; se identifica al otro con un número que sirve para gestionar la seguridad, evitar la fuga y controlar al preso en cada momento, pero no sirve para el encuentro humano.

La dificultad mayor del voluntariado es saber descifrar los códigos de la comunicación. Hay ‘mensajes’ y ‘rumores’. Hay sobre todo unos ‘mensajes’ que están en relación íntima con el momento sico-social de la persona, que ordinariamente están vinculadas a la identidad (dice algo de sí mismo), a la relación (dice a alguien o reclama una relación interpersonal) a la pertenencia (dice acerca de su papel en el grupo) a los dinamismos vitales (muestra el grado de confianza en sí mismo y en los otros) a las expectativas (dice algo sobre lo que se espera de él). En un contesto en el que no prima la comunicación, en el que prácticamente todo se resuelve al margen y de espaldas a ellos, a través de su abogado en el mejor de los casos, el encuentro sincero y abierto con los voluntarios no resulta fácil. Además del mensaje, en toda comunicación, hay también unos ‘rumores’ que difuminan y a veces desvirtúan los propios mensajes; por ejemplo son rumores las acciones delincuenciales protagonizadas por los adolescentes o las molestias que causan. Con frecuencia respondemos a simples rumores sin preguntarse por los mensajes.

Una de las funciones del voluntariado penitenciario es descodificar la palabra y a veces el llanto y el silencio. El voluntariado penitenciario pertenece al género de la acción comunicativa, son tutores de la comunicación. Y al hablar y escuchar “existe una necesidad de formular la confusión, de agarrarse al hilo de su historia con sus líneas de tensión, sus fracturas, y su continuidad”.. “Surge el deseo de ser reconocido en lo mejor de sí mismo” y rescatar de su vida todo lo que le ha dado sentido y felicidad.

Capacidad de trasformación y responsabilización

El siquiatra Victor E. Frankl, que fue una de las victimas de Auschwitz, afirmaba que a la persona se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, ”la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias” A menudo no podemos elegir los hechos, pero sí el cómo enfrentarnos a estos hechos.. Y es aquí, donde se abre un espacio para la humanización.

Toda persona es a la vez un actor que recita papeles y transcurre por caminos ya hechos, por murallas y tramas que han conducido al delito y es también un autor que decide, actúa, ama, espera y desespera. Esta capacidad de ser autor le hizo escribir a Miguel Hernández: “No, no hay cárcel para el hombre/ No podrán atarme, no./ Este mundo de cadenas/ me es pequeño y exterior./ ¿Quién encierra una sonrisa?/ ¿Quién amuralla una voz?”

Esta capacidad de trasformación se enfrenta a la impotencia, a la victimación y a la derivación de la responsabilidad. En unos casos la impotencia procede porque deja en manos de la administración de justicia una posible solución; lo cual produce una intensa sensación de insatisfacción y de dependencia. Toda persona merece una segunda y tercera oportunidad, en nombre de la dignidad toda persona puede y debe perfeccionarse de modo que las condenas que rebasan la cronología de una vida humana vulneran los principios constitucionales de reeducación y reinserción social, la dignidad, la promoción de la igualdad real y efectiva.

Capacidad de ayudar y ser ayudado

Con frecuencia esta capacidad de trasformación va unida a la capacidad de ayudar y ser ayudado. Hace unos días, la cárcel de Córdoba comunicaba una experiencia solidaria por parte de los presos: habían decidido ayudar a la salida de la cárcel mediante la gestión participada en los servicios. Ha percibido en su interior que en el interior de toda persona hay una bondad que puede ser despertada. Una bondad que se despliega en miles de historias de autoayuda, de compasión entre ellos, de piedad con el que está peor.

El mayor generador de humanización es que los sujetos receptores de la ayuda se conviertan en sujetos que ayudan. En el interior de las tragedias lo más admirable es observar cómo los pobres ayudan a los pobres, como se ayudan entre sí, a través de la autoorganización y la ayuda mutua. Se reconstruyen las casas en colaboración, se hace trueques cuando el mercado dejó de funcionar, se abren las puertas de las casas para que nadie duerma en la intemperie. Esa capacidad de auto-organización es un generador de vida.

En el interior de las cárceles hay personas que se ayudan entres sí, Las potencialidades que encierran los enfermos unos para otros es un enorme depósito de creación e vida. Es quizá lo más entrañable de la película Planta cuarta al mostrar la capacidad socializadora de aquellos jóvenes pelones, como ellos se llaman, a la hora de compartir sus miedos, sonrisas, curiosidades, humores, como si el encuentro entre varias fragilidades produjera fortaleza; la muchacha anoréxica deja de serlo cuando el joven que padece cáncer intercambian sus nombres y hacen “un pacto de vida: tu comes y yo voy a la quimio.. Iré, comeré”.

Como Jesús de Nazaret que lo dio todo, pero recibió esperanza cuando se dejó ayudar por Simon de Cirene. Cuando alguien es capaz de dejarse ayudar, nada está perdido. La esperanza nos vendrá de la disposición a ser ayudados. Como decía Helder CAMARA “no hay nadie tan pobre que no sea capaz de dar algo, ni tan rico que no sea capaz de recibir algo”

Capacidad de perdonar y ser perdonado

“Cada ser humano lleva consigo gestos de odio, de ruptura, de repliegue sobre sí mismo. Para seguir viviendo necesita el perdón de los otros, de perdonar a los otros, de perdonarse a sí mismo. “necesitan una confianza que no puede venir más que de los otros. Necesitan sentir ese perdón, bien sea explícita o implícitamente… Sólo pudiendo reconciliarse se puede humanizar”.

Llegará también un día, decía Miguel de Unamuno, en el que “Descubrirán los hombres que son muchos mejores de lo que se creían, y sentirán piedad los uno a los otros, y cada uno se perdonará a si mismo y luego a todos los demás” (Ensayos. Residencia estudiantes VI. 1916-1918: 63)

El perdón abre a la novedad radical del futuro y es de este modo un generador de esperanza. Ya que como escribió el poeta José Angel Valente en Fulgor: “Evitad que nadie / Os ate en el siempre / O en el nunca…/ Para que cada nuevo día / Amanezcáis / Dispuestos a hallar / Nuevos caminos / Y a inventarlos”.

Última actualización el Viernes 18 de Febrero de 2011 10:20  

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